331. El limpiaparabrisas | T14 / A03


Cada vez es más común ver en las esquinas semaforizadas de las ciudades, personas vendiendo toda clase de productos, u ofreciéndose para limpiarte los parabrisas. Siendo honesto, algunas veces soy reacio a dejar que me limpien el parabrisas por una propina. En realidad, la mayoría de las veces queda peor que como estaba, y ni siquiera sé qué clase de líquido le echan encima.

Cuando se me acerca uno, me da un poco de cosa. No quiero que piensen que soy prejuicioso, o algo por el estilo. Pero, sin ir más lejos, hace un tiempo atrás un conductor murió a manos de un limpiador simplemente porque no le había pedido que le limpiaran el vidrio. Bueno, la cosa es que hoy quiero contarles una pequeña historia que me sucedió tiempo atrás, mientras venía de hacer unas diligencias en el centro de Concepción. La historia fue así:

Luego de hacer todos los trámites pertinentes, volvía a casa por la Av. Los Carrera, una de las más transitadas del centro. Al llegar al cruce con las Avenidas San Juan Bosco y Collao, estaba esperando la luz verde de un semáforo de tres tiempos. Claro, como el tiempo de detención es largo, los vendedores y limpiadores aprovechan de escabullirse entre los autos intentando obtener dinero. A todo esto, quiero dejar bien claro que prefiero mil veces que intenten trabajar, a simplemente pasar por los autos pidiendo plata porque sí. De eso hablé tiempo atrás en un artículo bien interesante.

Ya, pero no nos desviemos del tema. Se acerca un tipo, un poco harapiento, con sólo una plumilla de limpieza y, sin preguntarme nada, intenta limpiar el parabrisas sin líquido alguno. Yo, temiendo que me rayara el vidrio, le grito desde dentro: "Oye, no te pedí que me lo limpiaras".

El tipo, haciendo caso omiso de mi mensaje, y con una actitud un poco prepotente, me dice que necesita dinero no sé para qué cosa. Y continúa "limpiando" el vidrio. De pronto, se escucha una sirena. Justo al lado mío, también esperando la luz verde, estaba una patrulla de carabineros. Uno de ellos le grita al tipo: "¡Oye! Te dijeron que no quería que le limpiaras el vidrio".

Al instante, el individuo deja de pasar la plumilla por mi vidrio, e increíblemente va a la patrulla y comienza a limpiarle el vidrio a la patrulla. Da luz verde. El carabinero le dice: "Deja de hacer eso. Sabemos en lo que andai metido". De ahí no escuché más. Aceleré y me fui a casa.

Con este pequeño relato no quiero decirles que den o no den dinero a quienes limpian parabrisas. Eso es decisión de cada uno. Simplemente quise contarles esta pequeña experiencia sólo para que supieran lo que me pasó. Quiero pensar que la mayoría de ellos son honestos y que andan en buenos pasos. Y bueno... uno nunca sabe las vueltas de la vida. ¿Quién sabe si, en algún tiempo, les relato "Experiencias de un simple limpiador de parabrisas"? :D

¡Hasta el siguiente artículo!

Foto tomada de The Clinic
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