179. Experiencias de un simple cajero 5

Después de varias semanas, creo que ya tengo experiencias suficientes como para escribir la quinta parte de "Experiencias de un simple cajero". Ponte cómodo: espero que te gusten

Si es la primera vez que lees esta sección, te invito a que leas las cuatro partes anteriores:
Ya han pasado más de dos años desde que entré como cajero en un supermercado. Experiencias tengo por montones, pero por tiempo no puedo escribir todas. Aparte, con el correr del tiempo, muchas de ellas se me olvidan. Sin embargo, desde el 1 de julio pasado, ya no soy cajero, sino supervisor de cajas. Claro está, las responsabilidades son mayores, pero la paga es mejor, jejeje. La cosa es que, desde que asumí como supervisor, las experiencias se han multiplicado. Es por eso que debo escribir la quinta parte de Experiencias de un simple cajero para contarles algunas historias interesantes que me han pasado, tanto como cajero, como supervisor de cajas.

Ups, se me cayó la carne
Chispas, la carne :D
No solamente experiencias lindas y desastrosas ocurren en el supermercado. También hay algunas que pasan a ser ridículamente graciosas. Eso me pasó un día mientras atendía un cliente. Entre los productos que llevaba, había un trozo de carne, de unos 3 kilos de peso. Marco el código de barras que tenía puesto en el sato. Hasta ahí, todo bien, todo normal. Pero, al levantar la bolsa jalándola hacia arriba, la bolsa se rompió por abajo y toda la carne quedó desparramada en la caja. La escena fue muy graciosa - por favor, los que me conocen traten de imaginarse la cara que puse cuando quedé con la bolsa en la mano -, ya que por unos segundos quedé con la bolsa en el aire sin saber qué hacer.

El cliente, en vez de enfadarse - y con justa razón -, sólo atinó a reírse y me dijo: "No se preocupe, la lavo en casa". "Ufff, de la que me salvé", pensé yo. Lo más curioso es que, después de ese incidente, me pasó lo mismo con unas presas de pollo. Esa vez, eso sí, la señora se enojó conmigo, como si yo fuera el culpable de las bolsas tan chantas que fabrican ahora para poner la carne o el pollo al igual que las espectaculares bolsas que usan los empaques para envolver los productos, especialmente unas azules y cafés que usan en ciertos supermercados...

El bendito cheque
El año pasado, como les conté en su momento, el supermercado comenzó con un paro que nos obligó a trabajar con ruidos molestos de quienes protestaban y adaptarnos a los nuevos supervisores. En realidad, no sé por qué les cuento esto, siendo que la mini-historia no tiene nada que ver con los supervisores nuevos ni con la huelga... de hecho, ni siquiera sé qué pasó con el cheque, así que pasemos de largo.

Se metieron en mi gaveta
Nadie se mete con MI dinero 
Utilicemos la huelga entonces para dar a conocer una pequeña historia que me pasó justamente el primer día de huelga. Habían llegado los supervisores suplentes, que en realidad nunca me cayeron del todo bien. Yo ese día salía de vacaciones (justito justito), así que trabajé mis cinco horas y fui a que me hicieran arqueo. Al llegar a la sala de arqueo, los 5 supervisores nuevos llegaron y se metieron en mi gaveta a ordenar mi dinero y mis documentos, siendo que por regla general sólo el cajero tiene el derecho a ordenar SU dinero y SUS documentos. ¿Por qué? Pues, la respuesta está en lo que yo les dije a los supervisores cuando de súbito se metieron donde no debían. "¡¡Esta es mi gaveta, y nadie se mete en ella!! Si ustedes la ordenan y se me pierde dinero, le echaré la culpa a ustedes y ustedes deberán pagar la diferencia". 

Cuando dije eso, siguieron unos segundos ordenando mi gaveta hasta que, con sutileza, les quité mi gaveta y yo comencé a ordenarla. Al terminar, y luego que me hicieran arqueo, me dijeron que tenía un faltante de 15 mil pesos. "¿¡Cómo!? No puede ser, de hace meses que no pierdo tanto dinero en un solo día... No sé yo, pero esos 15 mil pesos deben aparecer", les dije.

Salí por un momento y, al volver, extrañamente aparecieron 5 mil pesos en mi gaveta. Me pareció muy raro todo, y por un momento pensé en salir dos veces más y así recuperar los 10 mil pesos que me faltaban XD en que los supervisores se estaban llevando mi dinero. Al fin y al cabo, se metieron en mi gaveta con mi dinero y yo les había advertido de lo que habían hecho. Finalmente, hastiado, dije: "Si a la vuelta de mis vacaciones no aparecen los 10mil pesos que me faltan, hablaremos en otros términos con el administrador del supermercado". Dicho esto, agarré mis cosas, mi bici, y me fui a disfrutar mis vacaciones.

¿Qué pasó al final? Al volver, curiosamente, en mi arqueo de ese día aparecía un sobrante de 32 pesos. Nadie hasta el día de hoy sabe qué pasó con los 10 mil pesos que se habían extraviado. Curioso, ¿no?

Métase la boleta
Y agradezco que era una dama...
Esta última experiencia me ocurrió ayer en mi turno de mañana. Todo esto ya como supervisor de cajas. Una de las cajeras le había cobrado 6 harinas a una señora, siendo que sólo llevaba 5. La señora estaba toda mojada puesto que se dio cuenta en su casa del error y, al volver al super, la pilló una nubada de proporciones. Al llegar yo a ver lo que pasaba, la clienta muy respetuosamente insultaba a la cajera... literalmente, la subía y la bajaba con insolencias de grueso calibre.

Al ver esto, intervine. "Buenos días señora" le dije. La señora me saludó como corresponde y me explicó la situación, diciendo que la cajera era "una ladrona de m..." (palabras de la mismísima clienta). Yo, respondiéndole, le dije: "Primero me deja de insultar a la cajera y luego hablamos de la solución a su problema". La clienta, amablemente, me respondió: "¿Y quién eres tú?". Le respondí: "Qué te importa oh" "Soy supervisor de cajas, señora, así que se me tranquiliza y le arreglaremos el condoro de la cajera problema". Comencé a hacer la nota de crédito (una nota de crédito es un documento en el cual modifico la boleta impresa para hacerle la devolución que corresponda). Luego de todo el trámite, la cajera le devolvió los 430 pesos que le cobró de más. Y ojo: la cajera humildemente PIDIO DISCULPAS.

Lo que me molestó fue que, la señora, muy lejos de aceptar las disculpas e irse a casa, siguió alegando: "Si hubiera venido mi esposo te habría sacado la chu..." increpaba a la cajera. "¿Sabe qué mas señora? - le respondí - Aquí tiene su dinero, hasta luego". Le entregué los 430 y la señora se iba alegando y maldiciendo a medio mundo. En eso, me doy media vuelta y le digo: "Señora, se le olvida su boleta". Y la muy educada mujer gritó: "Métetela por la r..." y se fue.

Qué manera de hacer el ridículo. Y lo que más me da pena, es al nivel que llegan algunas personas por míseros 430 pesos. ¿Es necesario llegar al insulto y al lenguaje obsceno para solucionar problemas? Está claro que la cajera cometió un error, pero ¿para qué denigrarla?

Insisto: no es fácil se cajero... y ahora agrego que no es fácil ser supervisor de cajas.

Esas son las experiencias que tengo para ustedes hoy. Espero poder retomar con más fuerza mi blog. Ahora ya debo pensar en la cara que tendrá mi blog durante el año 2013. Gracias por leer y nos vemos pronto aquí, Donde Panchito.

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2 Comentarios

Adivina dijo…
Jajjaja me morí con la última jajaj Hay que tener paciencia, eh? :P Saludos!
Panchito dijo…
Adivina: Gracias por pasearte por mi blog, como siempre lo haces. En realidad, luego de lo que me dijo la señora, sólo atiné a reírme. Me da pena la gente así, que no tiene ningún respeto por nadie. No se tienen respeto ni por ellos mismos al ser el hazmerreír en esa situación. Saludos y te leo pronto por acá (eso espero).