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sábado, 11 de diciembre de 2021

395. Experiencias de un simple cajero, parte 16

Escucha este artículo (4:13 min)




Hace ya mucho tiempo que dejé de ser cajero. Eso ocurrió específicamente el 28 de febrero de 2018. Sin embargo, aún me quedan varias experiencias que viví en mis casi 8 años siendo cajero de varios supermercados y de una tienda Pronto de la cadena Copec. He aquí dos pequeñas historias:

lunes, 5 de abril de 2021

374. Experiencias de un simple cajero, parte 15

Más experiencias de cuando fui cajero
 
 
Una de las secciones que más me gustan, aparte de "Viajando con Panchito", es la que hoy les traigo nuevamente. Y es que en mis casi 9 años como cajero, he tenido muchísimas experiencias al atender al público. Hasta ahora ya llevamos 33 experiencias contadas. Y hoy les traigo dos nuevas, así que ponte cómodo y disfrútalas.

"Atiéndeme con la cara llena de risa"
Hace unos años atrás, en uno de los supermercados donde trabajé, estaba atendiendo público mientras hablaba con mi empaque. En eso, una señora llega con sus cosas y, de manera muy prepotente, me tira los productos encima de la caja y me dice: "Atiéndeme". La miro y le digo: "Buenas tardes". Ella, furiosa (parece que tuvo un mal día) me grita: "Apúrate que no tengo todo el día". Yo, incrédulo, me molesto, y en mi cara se me nota mi molestia. La señora me dice: "Y atiéndeme con la cara llena de risa". Cuando dijo eso, el jefe del local se percató de la prepotencia de la señora y él atendió el asunto. Terminó por pedirme disculpas por su manera de tratarme.

No es fácil ser cajero: eso ya lo saben. Y con todas las experiencias que les he contado, basta y sobra.

Mi último día como cajero en el supermercado
El 28 de febrero de 2016 fue mi último día como cajero en un supermercado de Penco. Decidí renunciar y buscar un empleo mejor remunerado (era part time allí). Y en aquel último día, tuve una no grata experiencia con una pareja de clientes insolentes y maleducados.

No recuerdo específicamente cómo comenzó el lío, pero ambos comenzaron a alegar e insultarme gratuitamente en la caja vista y paciencia de todo el mundo (lo digo una vez más: NO es fácil ser cajero en una sociedad sin respeto). Me harté y les respondí: "¿Saben qué? Hagan lo que quieran. Total, hoy es mi último día, así que vayan a reclamar no más". Nunca perdía la paciencia frente a estas situaciones (donde muchas veces recibí insultos de grueso calibre, o me tiraron un litro de leche por la cabeza, o hasta insinuaron que era un ladrón), pero este parcito sencillamente me colmó. Fueron donde el jefe de tienda y, claro está, él al ver cómo fueron conmigo, no los pescó.
 
Luego de vociferar a los cuatro vientos mil y una palabrotas, el hombre se vuelve a mí y me dice irónicamente: "Que tengas un mal día, imbécil". Lo miré y le dije: "Usted también, que le vaya pésimo". Su cara de incredulidad lo decía todo. Cuando se fueron, sólo atiné a reír. ¿Por qué uno, por atender gente, debe aceptar que te insulten sin motivo? ¿Qué ganaron ellos con alegar, salvo un mal rato? Nada más.
 
Amigos y lectores: hasta el cansancio he dicho que el mundo que vivimos es más insolente y falto de respeto cada día. Pero nosotros podemos (y debemos) marcar la diferencia. Si partimos NOSOTROS siendo amables, gentiles y empáticos con los demás, podremos contagiar esas cualidades en los demás. Quizás así, podríamos mejorar en algo esta sociedad tan decadente en la que estamos inmersos.
 
Está diciendo, ¿no?

 
 
¡Gracias por seguir aquí amigos, en esta Temporada 16! Estamos cerca de llegar a las 300 mil visitas y eso me tiene muy contento. Quiero agradecer también el apoyo que ha tenido nuestro Instagram (ya son más de 500 seguidores y sumando) y en nuestro Podcast. Puedes escuchar nuestros programas cuando gustes en plataformas como Spotify, Apple Podcast y Google Podcast. ¡Hasta un siguiente artículo!
 

sábado, 28 de diciembre de 2019

347. "¡Me han asaltado!"


Hace unos dos años, mientras trabajaba en un Pronto Copec en la noche, me sucedió una historia un tanto curiosa que hoy quiero relatarles. Es breve, así que no les tomaré mucho de su tiempo.

A eso de las 6:30 de la mañana, cuando estaba comenzando a amanecer, llega un chico de unos veinticinco años de edad al local de comida, en evidente estado de ebriedad... digamos que estaba corriendo fuerte el viento, o que estaba temblando fuerte. No podía caminar bien. Se notaba que lo había pasado chupete en alguna discoteque, y ahora estaba desorientado o algo por el estilo. Lo cierto es que, entrando al local, grita: "¡Me han asaltado!"y se va.

Mis compañeros, los pocos clientes que habían y yo quedamos pasmados. No sabíamos qué hacer. Una de mis compañeras me sugiere que vaya afuera a hablar con él, y lograr sacar algo más de información. Así que fui y le inquirí sobre su asalto.

Entre todos los sonidos que pronunció, me indicaba que había sido asaltado una vez que salió de una discoteque e iba rumbo a casa. Obviamente yo pensaba llamar a la policía. Parafraseando, se suscitó el siguiente diálogo:

Yo: Ya pero, ¿qué te robaron?
Joven: Nada, no me robaron nada, pero me robaron...
Yo: ¿Cómo puede ser posible que te roben, pero que no te roben nada? Entonces no te robaron po.
Joven: No si me robaron. Le juro que fue así.
Yo: ¿Y dónde te robaron?
Joven: En el kilómetro 10, cerca del peaje Chaimávida.

Ahí quedé plop. ¿En el kilómetro 10, cerca del peaje Chaimávida? Primero, el peaje mencionado no existe hace como mínimo 5 años. Segundo, el kilómetro 10, donde estaba ese peaje, estaba a unos 12 km de donde estábamos nosotros, y más encima en otra carretera (véase mapa al final de este párrafo). Y tercero: el kilómetro 10 como tal ya no existe, ya que con la construcción de la nueva carretera, ahora era el kilómetro 65 aproximadamente. Le pedí que me apuntara hacia dónde fue que lo asaltaron, y me apuntó hacia el norte. Y resulta que el lugar que me mencionó que le robaron queda al este
Igual caminó harto desde el "Kilómetro 10" hasta mi extrabajo

"Este cabro no sabe dónde está parado", pensé. De todas formas decidí llamar a la policía. Quizá efectivamente lo asaltaron y el no recuerda dónde fue. Así que los llamé. Llegaron en unos 15 minutos. Se bajaron de la patrulla y, cuando les indiqué lo que pasó, mostrándoles al joven, dijeron: "¿Tú otra vez?".

Les pregunté a los policías por qué "Otra vez". "Lo que sucede es que es la tercera o cuarta vez que nos llaman porque lo asaltaron. Y resulta que dice que lo asaltaron pero es mentira. Quiere que lo llevemos a casa. Lo llevamos y resulta que se vuelve a salir"

¡Vaya! Quería locomoción gratis para ir a donde quisiera a tomarse unas copas y después que lo fueran a dejar. ¡Qué chistoso! Finalmente se lo llevaron por "tercera o cuarta vez" a su casa.

Y ese es el final de esta pequeña historia. Espero que les haya gustado. Nos vemos en un siguiente artículo, aquí Donde Panchito.

domingo, 11 de agosto de 2019

342. Experiencias de un simple cajero 14


¡Estamos ya en pleno mes de agosto! Increíble: el tiempo pasa volando y me estoy acercando con rapidez a las tres décadas de vida. Y aquí sigo con este blog, en su temporada número 14. Apropósito: tal como les conté en las redes sociales, estoy preparando, luego de varios meses, un vídeo para ustedes. Pronto sabrán de qué se trata. Mientras tanto, veamos algunas nuevas experiencias como cajero, en mis más de nueve años en ese oficio.

Experiencias como cajero en estos casi 8 años son muchas. Y así como varias veces les he contado experiencias bien desagradables con clientes pesados e insolentes, hoy les traigo dos casos donde no necesariamente debo lidiar siempre con gente así. Veamos qué sucedió.

¡Mi hijo se está atorando!

Estaba terminando mi turno de tarde cuando, de pronto, un cliente comenzó a gritar que su hijo se estaba atorando. Junto con otro compañero corrimos a socorrer al niño. Mi compañero comenzó a apretarle el abdomen hasta que salió un trozo de papa frita. Luego de ello le traje agua y lo sentamos. Lo intenté calmar un poco y lo logré. El papá estaba muy desesperado pero cuando pasó todo la vorágine, nos agradeció por ayudarlo prontamente. Nos dio $2000 a cada uno. El niño, aun asustado, nos dio un abrazo a los dos por lo que habíamos hecho.

Jóvenes me dan 1000 pesos por cantar con ellos

Una de las cosas que jamás extrañaré de haber trabajado en un local de comida al borde de una carretera son los turnos de noche: extenuantes, con sueño y cero ganas de trabajar. Pero bueno, ¿qué le iba a hacer? Había que trabajar para tener dinero. Así que ahí estaba: día viernes, tipo 4 de la mañana, recibiendo a un montón de jóvenes que venían del carrete a darse el bajón.

En eso, una de las cocineras me pidió si, por favor, podía llevarle un pedido de comida a una de las mesas donde había un grupo de chicos que, a todas luces, estaban pasados de copas. No quería ir ella por ser mujer, y la entendí: podrían haberla molestado o hasta acosado. Así que tomé el pedido y fui a dejárselos.

En este local trabajé, antes de su remodelación el 2017

Casi al llegar a donde estaban, se ponen a cantar... no me acuerdo de la canción, pero sí recuerdo que me la sabía. Se tomaron todos de los brazos y se movían de un lado a otro cantando, sin vergüenza alguna al ridículo que estaban haciendo. Llegué con el pedido a la mesa, con la intención de dejarlo y devolverme rápidamente, pero no pude. Uno de los chicos me agarró y me metió al grupo, me tomaron de los brazos y cantaban. Yo, dejando el ridículo a un lado, me puse a cantar con ellos. Me quedaron mirando y uno de ellos me dio mil pesos de propina. Aplaudieron y yo volví a mi caja.

Lo que uno tiene que hacer por ganar dinero :P

Pues bien, esas son dos experiencias más de las tantas que he tenido. Si bien es cierto al día de hoy sigo siendo repartidor, no dejo de lado mi oficio de cajero al ir a dejar los pedidos y cobrar por ellos. Sí: aunque pase el tiempo, nunca dejaré de ser un feliz cajero, orgulloso de su trabajo. ¡Hasta un siguiente artículo amigos!

lunes, 20 de agosto de 2018

310. Experiencias de un simple cajero, parte 13

Una de mis primeras fotos de cajero (2011)

Cuando se trata de trabajos con contacto directo con clientes, las cosas algunas veces no salen como uno espera. Pueden ocurrir cosas que te arruinan el día, o que te lo alegran. Así es la vida de quien trabaja en el comercio, como es en mi caso. Hace un tiempo les había comentado que trabajaba como repartidor en una cadena de pizzerías. Sin embargo, me cambié de empleo por uno mejor, con horario flexible. Sigo siendo cajero y repartidor, por lo que continuaré teniendo experiencias para relatarles. 

Por lo pronto, aquí les dejo dos situaciones que me sucedieron tiempo atrás. Recuerden: nunca es fácil tratar con clientes. Eso denlo por hecho.

La impresora atascada


Una clienta llega a mi caja y, luego de cancelar sus productos, le indico al computador que me imprima la boleta. Pero ésta no reacciona. Luego de algunos segundos insistiendo en que la imprima, el computador manda la orden a la impresora, pero ésta se atasca y sólo imprime una porción de la boleta.

"Disculpe. La boleta se quedó atascada. ¿La necesita?" le pregunté amablemente. La mayoría de la gente ni siquiera espera la boleta; o si la reciben, la botan en el basurero o, peor aún, en el suelo. Pero justo esta clienta quería la boleta. "Sí", me respondió, ofuscada porque ya llevaba interminables sesenta segundos esperando su boleta. Ya le había entregado el vuelto, por lo que le dije: "Como le dije, la boleta está atascada y no logro sacarla".

La impresionante respuesta de la clienta me deja perplejo: "Ese no es mi problema. Yo quiero mi boleta, porque la ley me ampara. Tení que entregármela sino te vai a quedar con el impuesto". La miro, ya algo molesto, porque insinuó que soy un hurtador, y le dije: "El computador ya mandó lar orden de impresión a la impresora fiscal, por lo que la venta está cerrada. El Servicio de Impuestos Internos no tendrá dudas de que la venta se hizo, con su correspondiente 19% de impuesto. Lo sé porque la impresora algo alcanzó a imprimir antes de atascarse y la caja me permite hacer otra venta, cosa que no me dejaría si no hubiera cerrado su venta".

La señora se dio media vuelta y se fue. Así pude continuar con la fila, que ya era algo larga luego de la espera por la impresora atascada. Lo gracioso es que, cuando atendí al siguiente cliente, salió el resto de la boleta de la señora y luego salió el del cliente que estaba atendiendo. :P
 Aquí va la descripción personalizada de la entrada que queremos mostrar y que sólo se verá en la portada del blog. Puedes repetir un fragmento de la entrada o agregar una descripción completamente nueva; ésta sólo será visible cuando la entrada esté resumida, una vez que el lector ingrese a la entrada esta descripción no se visualizará.

Una señora honrada


Unos días después de la experiencia recién contada, una clienta pasó al local a comprar algunas cosas. Cuando le indico el total a pagar, y luego de revisar su chauchero, me dice: "Me faltan $100, así que sáqueme la bebida". Yo le respondí: "No se preocupe. Por $100 no me haré más pobre". Así que le corté la boleta y yo puse los $100 que faltaban. La señora, muy agradecida, se fue con sus productos.

Al otro día, el turno estaba flojo. No andaba nadie así que aprovechaba de conversar con mis compañeros. En eso, uno de ellos me dice: "Pancho, hay alguien en la caja". Al voltearme, veo a la misma señora del día anterior y me dice: "Aquí tiene sus $100. Muchísimas gracias". Luego de eso se fue.

A pesar de que algunas veces recibo malos tratos, quejas y hasta insultos, hay otras veces que me tratan bien, me felicitan y suceden cosas como la señora de los $100. Por cosas como estas amo mi oficio. Ser cajero no es fácil: pero es entretenido y, a la larga, son muchas más las cosas lindas y chistosas que suceden, que las que te hacen enojarte. Cuando uno disfruta su trabajo, y más encima éste es compatible con tu vida fuera de lo laboral, uno realmente puede ser feliz. Y yo sí que lo soy.

No se pierdan una nueva entrega de esta sección, una de mis favoritas, que publicaré más adelante. Gracias por leerme y seguir visitando Donde Panchito.

jueves, 24 de mayo de 2018

296. Experiencias de un simple... ¿Repartidor?


Se nos va ya el mes de mayo y con ello nos acercamos tanto al invierno como a la mitad de año. ¡Cómo ha pasado de rápido este año! Y esta temporada ha estado cargada de buenos artículos, que ustedes han podido disfrutar.

En una nueva entrega de esta sección, les contaré algunas experiencias que me han pasado como repartidor. Presten atención.

Esperen... Detengan esto un momento...



Dije... ¿Repartidor?



No no no... tiene que haber un error, si yo soy cajero, no repartidor. Pues... sigo siendo cajero, pero ahora también soy repartidor. Déjenme contarles qué ha sido de mi en estos meses laboralmente hablando.

Licencia médica y despido de mi antiguo trabajo

Hace un par de artículos les contaba que, entre todos los trabajos que he tenido, estuve trabajando en un Pronto Copec de acá en Concepción. A principios de enero, y debido a la enorme cantidad de noches que me daban (hasta 14 por mes), me estaba volviendo loco... claro, no al punto de irme al manicomio. Pero no poder dormir bien siquiera una bendita semana (ya que siempre me daban 3 noches por semana laboral) me estaba afectando. Andaba con sueño, irritable y muy cansado. No tenía ganas de trabajar, y los días en que entraba a las 10 de la noche sencillamente no quería ir.

Pero tenía que hacerlo. Hay cuentas que pagar y una casa que mantener. Estaba en esa encrucijada, porque finalmente me iba a hacer mal todo esto. Finalmente fui a un psiquiatra a tratarme. Y bueno... el diagnóstico fue sólo uno: estrés laboral, así que estuve 1 mes con licencia médica. Aproveché de descansar y, obviamente, desestresarme.

A la vuelta de mi licencia volví con todas las pilas cargadas. A las dos semanas después me despidieron por "necesidades de la empresa". Así que me pagaron por los años de servicio y me fui. Actualmente contrataron otro cajero que ocupa mi puesto... aunque no entraré a averiguar si eso es legal o no. Allá ellos.

En búsqueda de un nuevo trabajo

Durante marzo descansé (más aún XD). Con lo obtenido por mi finiquito tenía para aguantar algunos meses mientras buscaba trabajo. En abril comencé a dejar currículums en todos lados y a postular en portales de trabajo en internet. Debo agradecer a Dios que no me demoré mucho en encontrar algo. A finales de abril en internet encontré un aviso de empleo como repartidor en una empresa de comida rápida. Yo experiencia como repartidor... un cero a la izquierda, pero decidí igual llamar para ver qué onda. Ese mismo día me llamaron a entrevista.

Fui a las cuatro, como quedamos de acuerdo y, luego de explicarme el trabajo, lo tomé. Desde el 7 de mayo pasado comencé como repartidor en Conce y, hasta el momento, me ha ido bien. Trabajo cuatro días por semana y el resto me dedico a mis otras actividades. Estoy feliz por ello.

Experiencias de un simple cajero

Si bien es cierto ahora trabajo como repartidor, no tiene sentido cambiarle el nombre a la sección. Al fin y al cabo, cuando reparto los pedidos debo cobrar, y ando con la máquina para tarjetas y efectivo, por lo que sigo siendo cajero, a menor escala. Las experiencias que tenga en este nuevo empleo seguirán publicándose en la sección Experiencias de un simple cajero, así que no se pierdan las siguientes ediciones. ¡Hasta entonces!

sábado, 12 de mayo de 2018

293. No permitas que te humillen

De cajero en "Mayorista 10"
Hace más de dos mes que me despidieron de donde estaba trabajando. Gracias a Dios no hemos pasado por penurias y ya tengo un nuevo trabajo. Luego les hablaré a qué me dedico ahora. Por lo pronto, quisiera compartir con ustedes una experiencia que sucedió en mi antiguo trabajo cuando llegó un nuevo cajero, que no duró más de una semana, y no necesariamente porque no fuera bueno para trabajar.*

*Las fotos indicadas en este artículo no demuestran necesariamente que este incidente sucedió en uno de los dos empleos mostrados. He tenido varios empleos y pudo haber ocurrido en cualquiera. De todas formas, este sencillo ejemplo sirve para que no dejes que NADIE te humille en tu empleo, bajo ninguna circunstancia.


Don Alejandro

Como ya deben de suponer, Alejandro es el nombre de la persona que llegó a trabajar, por ahí por octubre del año pasado. Era un hombre de edad (no un anciano, pero mucho mayor que yo. Calculo unos 45 ó 50 años). Comenzó a aprender a usar la caja y todos los pasos que hay que hacer para atender en el local, así como los tipos de cigarros que se vendían y el orden en que debían ser ubicados y contados. Lo aprendió bien, pero lamentablemente era lento. Muy lento. Y en un local donde va mucha gente apurado, eso era un aprieto.

Insisto: no era malo para trabajar. Era lento. Y a decir verdad, cuando uno comienza a aprender cosas nuevas, le cuesta agarrar el ritmo. Pero parece que donde yo trabajaba no tomaban eso en cuenta. O, al menos, algunos de los jefes no pensaban así. Alejandro seguía atendiendo a su ritmo. Nunca oí de algún cliente que reclamara por su lentitud. De hecho, lo esperaban con paciencia, comprendiendo que estaba recién aprendiendo el sistema. Así que, en esta ocasión, de los clientes no puedo decir nada.

Humillación en frente de los clientes

En uno de los varios "Pronto Copec" en que trabajé
Caso aparte que algunos compañeros comenzaran a hablar mal a sus espaldas, lo cierto es que a una de las jefas no le agradaba mucho él (o, sino era así, sus hechos lo demostraban). En una ocasión, mientras estaba cerrando la caja, intentaba ordenar el dinero, los papeles de avances y documentos como comprobantes de tarjetas de crédito y débito. Llega una jefa y, viendo el desorden que tenía en su intento de declarar su caja, comienza, en frente de todos (incluyendo clientes), a humillarlo porque no entendía nada.

No lo invento: yo estaba ahí. Lo vi. Lo viví. Y me pareció de muy mal gusto. Ella se metió en sus documentos y en su dinero (ojo ahí, si eres cajero no permitas que NADIE se meta en tu caja... ya te imaginas las razones...), mientras vociferaba que todo estaba mal, que cómo podía ser tan lento y otras cosas que no recuerdo. Alejandro miraba al piso, triste, muy triste. Lo noté, así que me acerqué y le dije: "No te preocupes. Aquí no somos así. Yo te ayudo con tu caja".

O sea, si yo veo que uno de mis trabajadores tiene problemas para realizar su trabajo. no lo humillo. Lo ayudo. Le explico cómo se hace. No lo dejo en ridículo. Esa es la diferencia entre un JEFE y un LÍDER.

A los días después, Alejandro desapareció. Le pedía a otros compañeros que le hicieran los turnos y, finalmente, renunció. Espero que halla encontrado un trabajo donde se respete a la gente, y no los humillen como le sucedió a él mientras ponía lo máximo de su parte para aprender el arte de ser cajero.

Reflexión

Amigos: la vida da vueltas inesperadas. Yo fui jefe. En uno de mis trabajos fui supervisor de cajas. Y ahora soy un simple empleado que debo obedecer órdenes. Uno puede estar arriba un día, y otro día abajo. ¡Qué curioso sería si, pasando el tiempo la jefa que trató mal a Alejandro fuera una empleada de él! Las cosas serían muy distintas, ¿no lo creen?


Por lo mismo, hay que ser humildes, tratar a todos con el respeto que se merecen y ser empáticos, en especial con quienes están aprendiendo un nuevo empleo. La vida puede dar sorpresas inesperadas, y no nos gustaría que nos trataran mal si por abc motivos no aprendemos de una un nuevo oficio.

El hecho de ser jefe no te da derecho a humillar a tus trabajadores. Un verdadero líder de equipo trabaja en unión con sus colaboradores y empujan al mismo lado. Un simple jefe... bueno... es sólo eso: un jefe mandón. ¡Saludos amigos!

lunes, 23 de abril de 2018

288. Experiencias de un simple cajero 12



Ya es hora, queridos lectores de mi blog, de una nueva entrega de la sección Experiencias de un simple cajero. En esa ocasión quiero contarles dos cosas que me sucedieron en mi antiguo trabajo.

¿Se regala la fruta?

Si mal no recuerdo, tiempo atrás, en esta misma sección, les conté que donde yo trabajaba se vende frutas. Pero los precios son... digamos... un poquitito más caros que en otros lados. Sin embargo, lo que quiero contarles no tiene absolutamente nada que ver con el precio de tales frutas, sino por una situación que sucedió cuando un cliente llegó al local, y al parecer, nunca había visto aquellas frutas.

Verán, estaba atendiendo en mi caja, vendiendo productos y pedidos de comida, cuando llega un cliente a comprar algunos refrescos. En eso, ve las canastillas con las frutas, donde está claramente rotulado el precio de las manzanas, naranjas, plátanos y peras. Comienza a observarlas. Le gustó una naranja y, tomándola, me mira y me pregunta: "¿Esta fruta la están regalando? Qué bueno que hagan eso".

Yo quedé marcando ocupado. No vio los cuatro letreros que indicaban que cada fruta costaba $450. Mis compañeros de turno estaban aguantándose la risa por la pregunta del cliente. Una le responde: "No caballero. No se regala. Se vende. Valen $450 cada una de las frutas". El cliente puso una cara muy apenada y lentamente soltó la naranja, dejándola en la canastilla. Compró los refrescos y se fue.

Gracias por asaltarme

No es primera vez que digo que donde trabajaba los productos era excesivamente caros. Para ilustrarlo, una Monster costaba $2.100, y en algunos supermercados habían promociones de dos Monster por $2.500. Lo increíble es que aun así, mucha gente iba a comprar. Y ese es el caso de un cliente que decide comprar varios productos en el local, y obviamente le sale una cuenta algo abultada.

No dice nada, simplemente paga. Al entregarle su vuelto le agradezco su visita y me dice: "Gracias a ti por asaltarme". Tomó sus cosas y se fue. Yo quedé pensando: "Bah, como si yo te obligara a comprar acá. Si no te gusta o es muy caro, anda a comprar a otro lado". Luego pensé que, en realidad, difícil encontrar un local en medio de una carretera, y ese es el motivo por el cual se aprovechan y ponen precios algo exorbitantes.

Amigos. En la página de Facebook subí un adelanto de una nueva entrega referente a la contaminación. Es un pequeño vídeo de 30 segundos. Te lo dejo a continuación. Así te enterarás de lo que se viene. ¡Saludos para todos ustedes!

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martes, 13 de marzo de 2018

280. La caja sólo efectivo



Hace unos días atrás fui al supermercado a comprar algunas cositas para tomar once. Estaba buscando una caja habilitada (ya que siempre sucede que, de 15 cajas disponibles, abren sólo 3 ó 4) cuando, al llegar a una, veo un letrero gigante que dice: "Sólo efectivo". Como iba a pagar con tarjeta, seguí avanzando hasta que me puse en una fila de otra caja.

Estaba esperando que la cosa avanzara cuando, de pronto, se oye una discusión en la caja donde intenté pasar yo, la de "sólo efectivo". La cajera estaba intentando explicarle a una señora que no tenía habilitado el pago con tarjetas de débito, por lo que debía tomar su pedido y cambiarse de caja. La señora alegaba diciendo que tenía que atenderla, que ella era la cliente y tenía la razón, y otras cosas que no lograba entender. Una guardia quería poner orden, pero la cliente no cedía en absoluto.

Luego de algunos minutos, la señora, junto con su acompañante, una chica, tomaron de mala gana sus productos, y lanzando improperios a la cajera y a la guardia, se cambian a la caja donde estaba yo, y se ubican justamente detrás de mí. Yo sólo atiné a continuar esperando, intentando no hacer caso de las palabras que seguía murmurando la señora detrás de mí.

Al cabo de un par de minutos, la señora seguía furiosa y mirando a la guardia mientras ésta hacía sus quehaceres como si no hubiera pasado nada. La guardia estaba en otra: el problema de la caja era cosa del pasado... pero para la señora que estaba en la fila, parece que era muy difícil olvidar lo sucedido, puesto que seguía con sus alegatos y lanzando improperios, burlándose de su condición física.

De pronto, me di vuelta. Estaba molesto porque ya estaba hastiado de escucharla. No sé qué cara habré puesto, pero la señora se calló de inmediato. Me di vuelta nuevamente y pagué mis productos. La señora seguía con sus alegatos, pero preferí ceder e irme a casa luego de pagar.

Este mundo es muy violento, tanto física como verbalmente. Si todos pusiéramos nuestro granito de arena para hacer un mundo mejor, viviríamos más felices, y menos amargados. Les dejo a su criterio qué hacer de aquí en adelante con nuestros actos. Hasta el siguiente artículo.
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viernes, 29 de diciembre de 2017

266. Experiencias de un simple cajero 11


Trátenme de pesimista, pero soy un total convencido de que el mundo, la sociedad y su gente NUNCA va a mejorar. La gente seguirá sin respeto, estúpida, intentando insultar a medio mundo cuando creen que SUS derechos son vulnerados, vulnerando ellos mismos los derechos de los demás. Lamentablemente la gente se acostumbró a vivir así, y es triste todo esto, en especial porque estamos tan, pero tan acostumbrados a todo esto, que ver a alguien generoso, empático o bondadoso es raro, e incluso pensamos que lo hace por interés. ¡A eso hemos llegado!

En este artículo quiero comentarles dos experiencias que tienen varias cosas en común: ocurrieron en mi trabajo, mientras atendía mi caja, y el insultado y pisoteado verbalmente fui yo. Lo que da más rabia es que, sin hacer nada, debo aguantar un rosario de palabras groseras y vulgares, comportamientos que dejan mucho que desear, y una agresividad sin control, simplemente porque piensan que, al ser clientes, pueden hacer lo que se les antoja.

Problemas con el sencillo

Para quienes estamos en el mundo del comercio, sabemos que el sencillo no es infinito. Los billetes de baja denominación no siempre son abundantes y, para dar vuelto, algunas veces debemos hacer malabares. Pero, ¿qué hacer cuando un cliente compra... digamos... un chicle de 450 pesos y te paga con un billete de 20 mil pesos? Es un lío tremendo, porque hasta en las grandes empresas el sencillo no está siempre disponible como uno quisiera.

Es el caso de dos tipos (en dos situaciones distintas) donde compran cosas pequeñas para sencillar (obtener billetes de baja denominación) los billetes de 10 y 20 mil pesos que dan los cajeros automáticos. Debo reconocer que a mi me carga eso, porque como cajero no tengo todo el sencillo del mundo para dar vuelto, aun cuando me corresponde hacerlo. Pero lo que más me enfurece es la actitud rota y ordinaria de algunas personas cuando les pregunto si tienen más sencillo con que pagar los productos.

Uno de estos dos clientes llego al extremo de insultar hasta a las cocineras de donde trabajo porque le pregunté si tenía más sencillo. "¡Pero cómo esta empresa tan grande no tiene sencillo!" vociferaba. "Claro - le respondí -, esto no es un banco. No fabricamos billetes y lamentablemente no tengo más con que darle vuelto". Dicho esto, le ofrecí que pagara con tarjeta, y su respuesta me mostró sus verdaderas intenciones. "No poh, si quiero sencillar".

En otros casos, al no haber billetes, debo entregar el vuelto en monedas. Es el caso del segundo cliente citado en este artículo, que recibió de parte mía mil pesos en monedas de 50. Vamos, amigos... no creo que sea tan problemático recibir 20 monedas de $50 como vuelto, pero siempre hay gente que anda a la defensiva y lista para discutir e insultar. Otros se lo toman con humor. El cliente de esta historia... bueno... es cosa aparte. Me tiró las monedas de vuelta y se fue saludándome a mi mamá de manera muy... cortés.

Me gusta ser cajero a pesar de todo

A lo largo de esta sección, Experiencias de un simple cajero, intento mostrarles que ser cajero no es nada fácil. Muchos piensan que ser cajero es sinónimo de no tener cabeza para otro empleo, que es lo único que encontramos para trabajar y cosas así. YO DECIDÍ ser cajero. ESE ES MI OFICIO y me especialicé en eso. Tengo inteligencia para hacer lo que se me plazca, pero me gusta ser cajero, a pesar de ser insultado en varias oportunidades, porque también he sido tratado de buena manera por clientes muy simpáticos y buena onda.

Sin embargo, hace unas semanas un tipo me amenazó porque, según él, lo atendí mal. Esta experiencia merece un artículo aparte. Y tú, ¿has tenido encontrones con cajeros? ¿Crees que somos importantes en la sociedad en que vivimos? Conversemos en los comentarios. Nos vemos.

domingo, 5 de noviembre de 2017

262. Experiencias de un simple cajero 10



Y ha llegado la hora de presentarles una nueva edición de la ya clásica sección de mi blog. Hablamos de Experiencias de un simple cajero, en su ya décima edición desde su estreno en 2011. Les contaré brevemente dos historias que me pasaron últimamente y que me llamaron la atención. Espero que les guste:

La chica del pijama

Como ya deben saber (si no lo saben, ahora lo sabrán), donde trabajo ahora debo realizar turnos de noche, lo cual no me agrada en absoluto (pronto les hablaré más de eso en un artículo exclusivo sobre ese tema). Pero cuando hay que mantener una familia, pues no hay que ponerse regodión o exquisito a la hora de buscar empleo. La cosa es que, en uno de esos turnos de noche, a eso de las 4.30 de la madrugada, llega una chica al local... vestida de pijama.

Un pijama rosa, con un estampado de un oso, muy tierno por cierto. No sé cómo no tenía frío, considerando que era invierno, y de noche la temperatura baja mucho. Aparte, hay que tener personalidad para andar así en un negocio, donde había gente comprando y comiendo. Me pidió una cajetilla de cigarros, pagó y se fue, arrastrando sus pantuflas en el piso.

Los plátanos de oro

Entre la gran variedad de productos que ofrece el local donde trabajo, están las frutas: plátanos, naranjas, manzanas y peras. Son ricas: debo reconocerlo, especialmente las peras. El único problema es el precio, y de eso trata esta experiencia.

Un día, mientras estaba atendiendo mi caja por la mañana, entra un señor junto a su hijo. Compran varias cosas hasta que se fijan en las frutas que hay en el mostrador. Me pregunta: "Joven, ¿los plátanos valen 450 pesos el kilo?", a lo que le respondo: "No, el valor es por unidad".

Sí, créelo: un plátano vale 450 pesos. En la feria que se hace cerca de la casa de mis padres por esa misma cantidad de dinero te llevas un kilo de plátanos. Pero donde trabajo se venden por unidad. Tanto los plátanos, como las peras, las manzanas y las naranjas, valen increíbles 450 pesos cada una.

El caballero me dijo: "¿Como? ¿Que son de oro acaso? Están demasiado caras, ¿cómo puede ser eso posible?". Yo le respondí: "Hay muchas variables caballero. Una de esas es el hecho de que el negocio puede poner el valor que quiera para lo que vende porque vivimos con esa libertad dentro de nuestra economía. Ahora, si no quiere llevar un plátano, puede comprar un kilo con ese mismo dinero en una feria". "Pero acá en la carretera no hay ferias poh", me respondió. Y yo concluyo: "Pues la empresa sabe eso, y por eso fija esos precios, porque quien quiera una fruta, pagará el precio que sea con tal de comer una, en vez de buscar una feria para comprar el kilo".

Lógica pura.

Finalmente el caballero no compró la fruta y se llevó sólo los productos que había seleccionado antes. A todo esto, el otro día andaba con mi esposa comprando en el Líder, y había una promoción de dos jugos andina boca ancha a $890. Y donde trabajo está el mismo jugo andina, sólo uno, a $850. A ese nivel pos. Y lo increíble: la gente igual compra donde trabajo.

Bueno, eso quería contarles por ahora. Tengo más experiencias que les relataré en ediciones posteriores. Se vienen nuevos artículos así que atentos amigos míos. ¡Saludos y que tengan una excelente semana! :)

martes, 23 de mayo de 2017

245. Experiencias de un simple cajero 9


Amigos: hoy he vuelto con una nueva versión de Experiencias de un simple cajero, donde les contaré una situación que he vivido constantemente a lo largo de los años en mis diferentes trabajos. Lo más triste de todo, es que la gente cada día está peor. Díganmelo a mi, que trabajo atendiendo público.

La gente ni saluda al pagar

Yo entiendo que muchas veces las personas pueden ir apuradas, que estén atrasadas por muchos motivos, ya sea porque se pillan con un taco o porque se quedaron dormidos y despertaron tarde. También los entiendo si andan como la mona, mal genio, irritables por abc motivos. Pero en ningún caso se justifica que, cuando vayan a mi caja y los salude, simplemente se limiten a pedirme lo que quieren, como si fuera su criado o su esclavo.

Cada vez es mayor la cantidad de personas que ni siquiera tienen la decencia de saludar a otra persona al llegar, por ejemplo, a una caja. Hay otras que sí lo hacen, y en una sociedad cada vez más agresiva y menos amorosa con el prójimo, ver que saluden ya se convierte en un acto raro. Pero no es nada raro que alguien llegue a mi caja, yo lo salude y simplemente me dice: "Dame tal cosa". Ni siquiera lo piden por favor. Siento que simplemente soy una máquina que debo obedecer todos sus requerimientos...

Pero, ¡Sorpresa! Soy un ser humano: merezco respeto. No saludar cuando te saludan es, con todas sus letras, una rotería.

Muchas veces los saludo de nuevo, quizá pensando que no me escucharon. Algunos me piden disculpas por no corresponder el saludo al principio. Pero otros, simplemente repiten la orden: "Dame tal cosa", y más encima se molestan. Ahí me aburro y simplemente lo atiendo lo más rápido para que sigan su camino. Al fin y al cabo, ellos son quienes quedan mal por no tener respeto hacia su semejante.

Amigos: no hay que ser mal educados. Saluden. Den un buen día. Sonrían. Al llegar a una caja saluden amablemente. Y si el cajero te saluda, devuélvele el saludo. Y si no te saluda, no importa. Debes demostrar que tus padres te educaron bien, incluyendo el respeto por los demás. No seamos rotos, y lo digo en buena. :D

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La foto fue tomada del sitio de internet Grandes Pymes de Argentina.

sábado, 22 de abril de 2017

240. Este será el artículo con el título más largo en la historia del blog "Donde Panchito", blog que fue inaugurado el 16 de mayo de 2006 bajo el nombre de "Panchito on Line", y que el 19 de noviembre de 2007 cambió su nombre al que actualmente posee, y que al día de hoy tiene más de 200 mil visitas en sus casi 11 años de vida, formando así parte de la vida de su creador, que desde hace ya mucho tiempo que se dedica a contar experiencias de su vida a través de este pequeño espacio en la gran y descomunal internet, y esta no será la excepción, ya que les contaré lo que me pasó el otro día en el trabajo luego de una jornada agotadora. ¡Saludos y que tengan una linda mañana, tarde o noche (depende de dónde vivas y a que hora leas este tremendo artículo)!

Acabo de darme cuenta que, al parecer, Blogger no pone un límite en la cantidad de caracteres que puedes escribir en el título de una entrada. Interesante, ¿no?

Para que este artículo, el que tendrá el título más extenso en la historia de mi blog, no sea en vano, les contaré una pequeña experiencia que me pasó días atrás en mi trabajo.

El otro día me tocó trabajar de mañana en la tienda de comestibles donde trabajo como cajero hace ya casi 1 año. En vísperas de fin de semana largo, el local estaba atestado de gente, ya que la tienda está ubicada en una carretera en las afueras de la ciudad donde vivo, por lo que la cantidad de vehículos que pasan es considerable. Estaba vuelto loco atendiendo a los clientes, y mis compañeras cocineras hacían lo suyo preparando los pedidos de comida rápida.

A eso de la 1 de la tarde ya no podía más. Las filas no acababan y estaba cansado. El sencillo escaseaba y la gente apuraba para que atendiera rápido... O sea, pónganse a pensar que les estaba robando 4 ó 5 minutos de su fin de semana largo esperando en la fila. ¡Qué desconsiderado fui! Eso me muestra la poca paciencia y empatía de la gente en la actualidad. Ya, pero el tema no era ese.

Lo único que quería era que se acabara mi turno e irme a casa para descansar. Al día siguiente iría con mis padres a ver a mi hermano a Ninhue. Pensaba que el turno no podía terminar de peor forma cuando, de la nada, a eso de las 2 de la tarde, el local se vacía por completo. Era el momento propicio para hacer algo de aseo antes de que se llenara de nuevo. Atendí a la última chica y le di su vuelto, que correpondía a exactamente 10 mil pesos.

"Un lindo y hermoso billete de 10 mil pesos"

Tomé la escoba y la pala y salí a barrer la sala cuando, de pronto, algo me llamó la atención en el piso. Miro con atención y, al ver detenidamente, tooooodos los malos ratos del día se esfumaron: un lindo y hermoso billete de 10 mil pesos botados. "¡Oh! ¡Qué genial!", pensé. Los recogí, pero antes de dejármelos, quise corroborar si eran de la chica que le había dado el vuelto, puesto que ella estaba al lado del billete.

Claro está, si le preguntaba si el billete que recogí era de ella, al tiro me diría que sí, así que me acerqué y le pregunté: "Disculpa, pero no recuerdo si te di el vuelto de tu compra. ¿Te di tu vuelto?". A lo que ella respondió: "Sí, aquí lo tengo", y me mostró el billete de 10 mil pesos.

Nada que hacer, me fui al auto, y guardé el billete de 10 mil en mi billetera. La desgracia de algunos es la dicha de otros, dicen por ahí. Lamento por quien haya perdido ese billete, son cosas que pasan.

¡Nos vemos en una siguiente entrega, aquí en Donde Panchito!
Aquí va la descripción personalizada de la entrada que queremos mostrar y que sólo se verá en la portada del blog. Puedes repetir un fragmento de la entrada o agregar una descripción completamente nueva; ésta sólo será visible cuando la entrada esté resumida, una vez que el lector ingrese a la entrada esta descripción no se visualizará.

domingo, 15 de enero de 2017

230. Experiencias de un simple cajero 8

Me gusta mi trabajo
Ha pasado mucho tiempo desde que no les contaba más experiencias como cajero. Y es que ya llevo más de 6 años trabajando de esa forma y, siendo sincero, me gusta ser cajero. Y con todo el tiempo que llevo, ya soy todo un experto en el manejo de dinero.

Hoy les traigo dos vivencias nuevas de mis aventuras como cajero. Espero que les gusten. Empecemos.

La caluga de 50 pesos y el vuelto en puras monedas

Fiestas Patrias. Como en todos los países (me imagino) acá en Chile la gente se vuelve loca comprando cosas para celebrar las festividades patrióticas. Lo sorprendente es que gastan exorbitantes sumas de dinero para celebrar, y después apenas pueden pagar las deudas que significan comprar más de lo que sus bolsillos aguantan. Bueno, pero no vengo a hablar de eso. Solo se los menciono para que entiendan el contexto del siguiente caso.

Al ser fiestas patrias, hay mucho ajetreo. Gente comprando y largas filas para pagar. Allí estaba yo trabajando cuando, de pronto, aparece un caballero que compra con tarjeta de débito y me pide 10mil pesos de vuelto. Yo ningún drama, le paso la venta y le entrego su vuelto en un billete de 10mil pesos.

El caballero me pide que si puede darme los 10mil en sencillo (10 billetes de mil pesos). Yo, súper amable, le dije que no podía porque debía guardar sencillo para dar vuelto a la infinidad de clientes que venían. El cliente se molestó. Agarró una caluga de 50 pesos y pagó con los 10mil, creyendo que así le daría sencillo.

"Lo siento - le dije -, pero le dije que no tengo tanto sencillo en billetes". Me respondió: "Estoy comprando, así que debes darme vuelto". Le encontré razón, así que le di los 9.950 pesos de su vuelto en monedas. El caballero me miró, y sencillamente se largo a reír. "Me la hiciste" me dijo. Y no paraba de reírse.

Al ver su risa, me dió pena darle tantas monedas. Así que le dije: "Deme las monedas. Si me espera, pediré sencillo donde mis jefes". Me sonrió y me dijo: "Gracias joven. Muy amable".

Volví y le pase el vuelto en billetes. Quedamos como amigos. El se fue y yo seguí trabajando.

"Ustedes se están riendo de mí"

Me considero un joven bien alegre (entiéndase que el término joven es bien relativo. Yo a mis 26 años soy joven aún, aunque si hubiera nacido en la edad media, con 26 años ya sería un anciano). Y en la caja, cuando no anda mucha gente, me gusta conversar con mi empaque. En eso estaba cuando sucedió algo muy raro.

En el super donde trabajaba, habían dos hileras de cajas. La mayoría de la gente pasaba por las cajas de adelante. Yo estaba en las de atrás, así que para que supieran que yo estaba atendiendo, debía gritar "Pase" para que avanzara la fila hacia atrás. Justo hice eso, y una señora con un coche de guagua me ve y avanza a mi caja.

Justo antes de que llegara a donde estaba yo, mi empaque me tira una talla muy graciosa. Yo no pude aguantarme la risa y ambos comenzamos a reírnos de lo que me había dicho. La señora, al escuchar nuestras risas, creyó que nos reíamos de ella, y nos dijo: "Ustedes se están riendo de mí. No se los voy a aguantar". Se dio media vuelta y se cambio de caja. Ni siquiera me dio tiempo de darle una explicación. Simplemente se fue. Ambos quedamos plop con todo eso, pero les prometo que no nos burlamos de ella :(

Estas dos experiencias quería contarles. Tengo muchas más. Pero las dejaré para otros artículos de la serie Experiencias de un simple cajero. Nos vemos aquí, Donde Panchito.

sábado, 15 de noviembre de 2014

204. Cuatro años que no fueron en vano

Y Panchito se nos va... Panchito ya se va... Ya se va, ya se va, Panchito ya se va. Sí, después de un buen tiempo trabajando, he pasado a formar parte del grupo de los cesantes. ¿Qué pude aprender en esta experiencia? ¿Y cómo me irá de aquí en adelante?
Aquí estuve por cuatro largos años
Corría el año 2010. El terremoto había ocasionado muchos daños (de eso les hablé en mi especial que escribí en ese entonces), y para ese año estaba buscando empleo. Había conseguido uno como cajero cerca de mi casa, pero con el terremoto el supermercado quedó inutilizable por meses. Necesitaba trabajo urgente, para poder sostenerme monetariamente.

En julio de ese año, un amigo mío, David, me dijo que en el supermercado Mayorista 10, que queda al lado del Club Hípico en mi ciudad, estaban recibiendo gente. Con Emilio, otro amigo, fuimos a dejar nuestros currículums, por si nos llamaban.

Y, efectivamente, me llamaron.

Fui aquella fría mañana del martes 27 de julio de 2010 a eso de las 10 de la mañana a una pequeña entrevista de trabajo, en una oficina amplia, con ventanales que daban a la calle. Me explicaron que tenían un puesto como reponedor, a lo cual le respondí que, lamentablemente, no podía aceptar, puesto que tenía (y lo tengo aun) un problema crónico en la espalda, y no puedo hacer mucha fuerza. Me estaba yendo cuando, la chica que me entrevistaba, me dijo: "Pero, espere, Acá hay un puesto de cajero, si le interesa". Me di vuelta y tomé asiento de nuevo.

Luego de explicarme todo, incluyendo mi sueldo (en ese entonces, de $861 la hora), acepté el trabajo como cajero part-time, de 20 horas (iría cuatro veces a la semana, por cinco horas cada día). Feliz, volví a casa. Por fin tenía un trabajo en mis manos, luego de meses de cesantía.

Los primeros meses
En plenas funciones
Al día siguiente, miércoles 28 de julio de 2010, a las 8 de la mañana, entré por primera vez por recepción al supermercado Mayorista 10. En la sala de arqueo me asignaron con Soledad, una cajera que ya llevaba varios años en ese lugar, cuando el supermercado era Unimarc. Llegó a ser mi madre en ese lugar, puesto que todo lo que aprendí se lo debo a ella. ¿Cómo no recordar la primera clienta que pasó por mi caja, la 13, que me gritó: "Sordo", porque no la había escuchado bien? Ese fue mi recibimiento como cajero.

Avanzaba el tiempo, seguí aprendiendo más y más y comenzaba a agarrarle el gustito al trabajo. De a poco comenzaba a conocer a mis compañeros, aunque no mucho porque trabajaba pocas horas. Mi contrato vencía el 31 de octubre, pero me lo renovaron hasta el 31 de diciembre. Llegué ese día 02 de enero de 2011, pensando en que me echarían, ya que se había vencido mi contrato y... ¡Wow! Me entregaron mi préstamo para abrir mi caja y comencé a trabajar: había pasado a cajero con contrato indefinido.

¿Querí boleta o factura? Mensajes personalizados XD

¿Habría alguna posibilidad de subir a full?
Conforme pasaron los meses, ya conocía a varios compañeros de trabajo, como Jessica, Vanessa, Valeska, Soledad, Yesenia O., entre otros; y empaques como Rachel: mi empaque estrella, con quien disfrutaba de su compañía mientras trabajábamos. Experiencias como cajero me pasaron muchas, como el caballero que me amenazó con las muletas porque pensaba que Rachel y yo nos habíamos comido su queso y su jamón, jajajajaja. Más de ellas puedes leerlas en la sección "Experiencias de un simple Cajero".

Comprar un paquete de galletas y pagar con un Andrés Bello... no tiene precio
A mediados del 2012, con la finalidad de ganar algo más de dinero y comenzar a comprar mis cosas por si me iba de casa algún día, decidí hablar con la jefa de cajas, la Sra. Rebeca, para poder ver si me subían a cajero a tiempo completo. Al preguntarle aquello, ella me dijo: "¿Y no quieres ser supervisor de cajas?". Yo, plop, luego de pensarlo unos días, acepté la oferta, y subí a supervisor de cajas, puesto que ocupé por dos meses, ya que, chato de todo, decidí volver a ser cajero.

Acumulando experiencia
Y de Carnicero ajjaaj (sólo fue para la foto)
Hasta de empaque: todo un polifuncional
Ya llevaba más de dos años trabajando en el supermercado. Para el año 2013 ya conocía muy bien el sistema de cajas, y ya tenía gente con quien conversaba y lo pasaba bien. Mi nana, Pamela, siempre me conversaba de sus cosas, y me molestaba porque me encontraba gordo. Mi yunta, Jennifer, no paraba de golpearme en los brazos, ni paraba de patearme, leseando entre nosotros. Hasta ya tenía una hija: Yesenia V., a quien le enseñé todo lo relacionado con las cajas.

En julio de aquel año 2013, por si no lo leíste XD, volví a ser supervisor de cajas. Comencé a aprender el lado administrativo de la sección: impresión de documentos, envío de dineros al banco, entre otras cosas. Me gustaba lo que hacía, y disfrutaba mi trabajo, aun cuando algunas veces me molestaba por cosas que veía, o quedaba chato cuando el supermercado estaba lleno.

Sentía que esto no duraría para siempre, puesto que mi intención nunca fue quedarme en ese supermercado trabajando toda la vida. Tenía que surgir, tenía que pensar en un trabajo algo mejor. Pensaba renunciar luego de mis vacaciones de verano. Pero,  ¿qué creen? La empresa se me adelantó.

Hasta siempre, Mayorista 10
Hablando con una de las cajeras: Ruth
Ayer, viernes 14 de noviembre de 2014, llegué a mi trabajo a eso de las 8 am, como cualquier otro día laboral. Comencé mis labores en tesorería. Teníamos fallas en el sistema, por lo que no pude hacer mucho. A eso de las 11:30, llegó Estrella, una cajera, a la oficina a buscar sencillo para todas las cajeras del lineal. A la 1, llegaron más cajeras, las del turno de la tarde, y dejé a una contando monedas. En eso estaba ella cuando, a eso de un cuarto para las dos, el administrador me llama a su oficina.

Luego de pasar y cerrar la puerta, él estaba tomándose la cabeza y me dijo: "Lo que te voy a decir no es nada agradable, pero me llegó tu carta de despido de la empresa. Créeme que no quiero hacerlo, pero son órdenes de Santiago". A decir verdad, no reaccioné. Me pasó el documento y sólo me reí tímidamente. Lo firmé y, luego de ordenar la oficina y de despedirme de mis compañeros de trabajo, me fui, a eso de las 2 de la tarde.

Con Paulina (izquierda) y Rebeca N. (derecha). Al fondo, Bryan.
Son sentimientos encontrados: por un lado no quería irme, porque igual me había encariñado con mis compañeros de trabajo. La Sra. Ana, por ejemplo, que siempre me pedía ir a colación tempranito, para trabajar en la hora peak. Siempre le gustó vender harto, y se notaba a fin de mes cuando sacaba los cálculos de las ventas. La Sra. Rebeca Navarrete (Rebeca y su combo XD), una señora de un gran corazón, muy agradable y simpática. Junto con ella iba a colación cuando podía. ¿Para qué hablar de Bryan, el carnicero? Un verdadero payaso, leseábamos mucho y comíamos manjar a destajo en los desayunos, jajajaja. Y el leseo junto con Daniel, el Z, y nuestras tallas fomes. O las historias fantásticas que comentaba con Julio, el de control pérdida. 

Son muchas las personas que tengo que mencionar: la Eli y la Carito siempre me han caído superduper. A la Eli le debo que me haya reemplazado después de mi primera incursión como supervisor. ¡Gracias! Y la Carito siempre hablando de su perrito y los paseos que le daba. Veo sus fotos en Instagram o en Facebook y es muy adorable *.* Sólo espero, Carito, que tu gran sueño (tú ya sabes cuál) se cumpla lueguito :D La Jani Jani, muy simpática ella, nunca aceptó subir a supervisora. Muy sencilla: una de las mejores personas que he conocido. Y mi hermanita chica, Ruth, con quien no pudimos compartir mucho, pero siempre leseábamos cuando llegaba a buscar su repo, y hablábamos de "sus" coreanos ^^ ¿Y cómo olvidar cuando agarraba pal leseo al Oscar y al Héctor, empaques, con lo del Colo y la U? Jajaja, qué manera de reírnos.

Pero no puedo dejar afuera, claro está, a mi yunta durante este último tiempo: Paulina. Sí, es verdad que algunas veces nos tratábamos mal, y que al principio nos tratábamos como las reverendas. Pero, como te dije ayer, conocí a una personal muy especial, en la cual se puede confiar. Por eso, aprovecho de darte las gracias por aprender a conocerme y a aceptarme como soy. Eso siempre se valora :D

Con Bryan y Jani Jani
Y puedo seguir nombrando.... a Paola Fuentalba (y la Cubanacán, la que siempre aguantó mis tallas), Estrella (y las dos veces que te salvé enjabonada XD), Carmen y Ariela (dos personas que admiro y respeto mucho), Paola Cortes (la contadora personal de monedas), Victoria (y su querido Ricardito), Yasna (no te vayas a caer de nuevo por fa jajaja), Cecilia (siempre defendiéndonos como podía), Gabriel y Bárbara (los tortolitos, que espero que estén siempre juntos. Se ven lindos así), Nicolesh (la Mini 2.0, y los ochenta y tantos años de noviazgo jajaja). Y no puedo dejar de mencionar a mis compañeros directos: Sra. Rebeca M. (quería verla, pero bueno... será), Sole, Evelyn, Valeria, Mirta y Ema. Ellos fueron los que más me soportaron. Muchas gracias a todos y todas con quienes tuve el placer de trabajar durante esos 4 años y tanto (si no los menciono, no se enojen, es que no puedo escribir a todos y cada uno, pero tengo lindos recuerdos de todos). Podría estar recordando a mucha gente más y muchas situaciones graciosas y simpáticas vividas en ese lugar....

Pero todo esto es cosa del pasado... porque ayer, Panchito, fue despedido :(

Solo queda decir que Panchito seguirá otro camino, un camino que (estoy muy seguro) será mejor para mí. Y para quienes quedaron en ese lugar: sigan adelante. Son buenas personas y merecen siempre lo mejor.

¡Hasta siempre!
Atentamente: Panchito :D