232. "¡Fuego!", parte 1

La primera parte de una serie sobre los incendios forestales, y cómo yo viví uno de cerca
Este artículo está en el Podcast "Radio Donde Panchito"

El sol... un aliado algunas veces, un villano en otras...
Verano... Luego de un año agotador, qué genial es disfrutar de días soleados y agradables, ricos para ir a la playa, al río o salir de vacaciones a conocer nuevos lugares. Pareciera ser que el verano es la mejor época del año y, aunque en cierto sentido lo es, no podemos eludir el hecho de que justamente en estas fechas (acá es Verano, si eres del hemisferio norte claramente estás en invierno) ocurren los temidos incendios forestales.

Chile es un país que constantemente sufre por culpa de la naturaleza, ya sea terremotos, maremotos, inundaciones, olas de calor o erupciones volcánicas. Basta mencionar el terremoto de Valdivia de 1960, la erupción del volcán Chaitén el 2008, el terremoto de Concepción de 2010 o las inundaciones de Copiapó el 2015, por mencionar algunos. Pero, lo que estamos viviendo en estos últimos días es, literalmente, un infierno.

Las llamas: devoradoras de bosques y casas

Dicen que los incendios que hay hasta la hecha (son más de 100) son los más grandes en los últimos 50 años. Incluso hasta aseguran que son los peores en la historia de Chile. Vaya a saber uno. Pero lo cierto es que el panorama es desolador. Y en un 99.9% de los casos, los incendios son provocados por los mismos seres humanos. Entonces, cabe preguntarse, ¿cómo una especie que se dice ser inteligente como los seres humanos, puede cometer semejantes tonteras en contra de ellos mismos?

Cierto: Dios nos creó inteligentes. Pero somos imperfectos, y hacemos las cosas mal. Aparte, por naturaleza (por ahora) tendemos a ser malos. Y algunos se descargan transformándose en pirómanos. Queman bosques a destajo como si sobraran, y con eso queman los recursos de miles de familias que gracias a esos bosques (sean forestales o no) pueden llevar el sustento a sus hogares.

Pero, como si no fuera suficiente quemar bosques, el viento y la poca humedad incrementan la fuerza del fuego, que avanza sin control, pese a los esfuerzos de los bomberos y brigadas forestales que, cual David, intentan ganarle a este gigante Goliat, antes de que lleguen a las casas.

Dios nos creó como seres inteligentes, pero algunas veces eso no se nota mucho. (imagen tomada de nuevatribuna.es)
Lamentablemente, eso ya pasó. Se han quemado decenas de casas y la cosa no para. Esta semana ha habido una ola de calor que llegó hasta los 44,9º en Bulnes. Sí, leíste bien, casi 45º. Y puedes imaginarte que la cosa no ha estado nada de bien durante estos días. Entonces, otra pregunta: ¿Qué ganaron esos tipos que queman bosques? ¿Alimentan su felicidad, su ego, su orgullo? ¿Les pesará la conciencia los 11 muertos que ya hay por culpa de ellos a la fecha?

Chile, país de incendios

Esta no es la primera vez que nos enfrentamos a incendios. Hace unos años en Valparaíso quedó la escoba con un incendio forestal que llegó a la ciudad y quemó un par de cerros (y sus casas, claro). Últimamente se ha repetido esto, pero en menor escala. Más atrás en el tiempo, en Quillón, quedó la santa toletole por un incendio que se extendió por semanas. Aun lo recuerdo, ya que el humo llegaba a Concepción y era desesperante.

Con los incendios mueren árboles, vegetación y animales. Se pierden casas, trabajos y vidas humanas. ¿De verdad quienes comienzan con estos incendios creen que tienen algo de bueno? ¿Será que les falta cerebro como para concluir que lo que hacen es una estupidez? Chile es un país que todos los benditos años sufre de incendios. ¿Cuándo se irán a acabar? ¿Cuando ya no quede nada más para quemar? Da para pensar.

Algo digno de destacar es el hecho de la ayuda que se ha recibido para los voluntarios que intentan apagar el incendio. Un ejemplo de ello es un restorant que ofreció comidas gratis a los bomberos y voluntarios de CONAF (Corporación Nacional Forestal) que estaban trabajando en sofocar las llamas. 

Cuidemos este regalo de Dios

La Tierra fue creada para ser disfrutada, no para ser destruida por el hombre (la foto corresponde a la com. de Yungay)
Por favor, seamos conscientes de que somos responsables de la tierra en que vivimos. Somos tan inteligentemente tontos que la quemamos, la ensuciamos, la explotamos y hacemos lo que queremos con este lugar que amorosamente Dios nos regaló. Y ojo: no hay que ser un pirómano empedernido como para provocar incendios. Basta con un irresponsable que arroje una colilla de cigarro por la ventana de su auto a la berma para que se desate un infierno (más adelante hablaré de los fumadores).

Si queremos disfrutar de este lugar llamado Tierra, debemos ser consecuentes con nuestros actos: no botar basura en la calle, no ensuciar el agua, no quemar bosques. Si así lo hacemos, tendremos la felicidad de tener la conciencia tranquila de que estamos haciendo lo humanamente posible hacer de este planeta, un mejor lugar para todos.

Hasta aquí iba a ser el artículo que iba a publicar a mediados de semana. Sin embargo, el miércoles sucedieron cosas que ameritan que haga un especial. El 2010 viví en carne propia uno de los peores terremotos de la humanidad. Esta semana que ya se va, viví en carne propia el peor incendio del que se tiene registro en Chile, puesto que las llamas llegaron a la ciudad donde yo vivo. Se los contaré en la segunda parte del especial titulado "¡Fuego!". Hasta entonces.

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