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martes, 31 de marzo de 2009

072. ¿Qué sucede con las tradiciones hoy en día?

Ensayo basado en la clase de "Tradición", efectuada el 6 de octubre de 2006, en la clase de Lenguaje y comunicación. Actualizado el 11 de mayo de 2025.

¿Le suena a usted la palabra “tradición”? Seguramente sí. Es un término familiar para todos nosotros. Pero, ¿siguen existiendo las tradiciones en la actualidad? ¿Se respetan como antes, si es que aún perduran? Para responder estas preguntas, es fundamental comenzar por comprender qué es exactamente una tradición.

Según la Enciclopedia Norma (1991), tradición es:

“La transmisión, generalmente oral, efectuada de generación en generación, de hechos históricos, obras literarias, costumbres, leyes, doctrinas y leyendas. // Costumbre, doctrina, hábito establecido.”

A partir de esta definición, entendemos que una tradición es la transmisión de hechos o costumbres a lo largo del tiempo con el fin de mantenerlos vigentes. Ejemplos de tradición podrían ser obras como Don Quijote, transmitida y valorada por generaciones; la Biblia, el libro sagrado que ha perdurado más que cualquier otro; o el legado musical de Mozart, entre otros.

Desde tiempos antiguos, los pueblos han cultivado costumbres que han sido transmitidas de padres a hijos, convirtiéndose en tradiciones. Un claro ejemplo es la Pascua judía. Según la Biblia, Dios instruyó a los israelitas, por medio de Moisés, sobre cómo celebrarla conmemorando la liberación de Egipto. Esta celebración debía repetirse anualmente y enseñarse a las nuevas generaciones. De no haber sido así, esa tradición se habría perdido. En Deuteronomio 6:6-7 se nos dice:

“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes.”

Otro ejemplo es la Cena del Señor. El apóstol Pablo recibió directamente de Jesús las instrucciones sobre esta celebración y las transmitió a las congregaciones cristianas, estableciendo así una tradición cristiana. En 1 Corintios 11:2 y 23 se menciona esta enseñanza. Jesús mismo dijo:

“Haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24-25).

Estas tradiciones no surgieron de la nada, sino que se mantuvieron gracias a una base sólida: la comunicación fiel de sus principios a las nuevas generaciones. Como dijo Shakespeare, las tradiciones son como árboles firmemente enraizados. Si la raíz es débil, el árbol no sobrevivirá. Así ocurrió con los israelitas y los cristianos del primer siglo: conservaron sus tradiciones con raíces firmes, transmitiéndolas fielmente y permitiendo que dieran fruto.

Pero volvamos al presente: ¿siguen existiendo las tradiciones hoy? ¿Se respetan como antes? El escritor Rimbaud comparó la tradición con una naranja arrugada: aún existe, pero ha perdido su vitalidad. Tomemos nuevamente el ejemplo de la Cena del Señor. Aunque Jesús la instituyó como una tradición solemne, muchos hoy han dejado de observarla o han sustituido su significado por prácticas más comerciales, como la Pascua moderna con huevos de chocolate y consumismo. Esto representa una pérdida de respeto por la esencia original de la tradición cristiana.

Entonces, ¿quién debe encargarse de preservar las tradiciones? La respuesta es clara: nosotros. Como dijo Camus, “sin tradición, no hay padre”. Es decir, si no conservamos nuestras tradiciones, perdemos nuestras raíces, nuestra identidad. Yo creo firmemente que las tradiciones aún existen, pero están en peligro de extinción. Es urgente que las revivamos. Debemos cuidar aquellas tradiciones que tienen un valor espiritual, que fortalecen nuestra fe y nos conectan con nuestras raíces más profundas.

Participemos activamente en las tradiciones que realmente importan, aquellas que edifican el espíritu. No dejemos que el mundo, dominado por la superficialidad y el materialismo, nos aleje de lo esencial. Si logramos mantener vivas nuestras tradiciones, las generaciones futuras también podrán disfrutar de su riqueza y significado.

lunes, 17 de noviembre de 2008

051. ¿Es "Don Quijote de la Mancha" una obra clásica?


¿Cómo saber si algo es clásico? Desde mi perspectiva, lo clásico es aquello que ha sido reconocido y valorado a lo largo del tiempo y en todo el mundo. Podemos encontrar lo clásico en distintos ámbitos: en el arte, en la música, en la literatura, entre otros. Pero ¿cómo identificamos que algo realmente lo es?

Un elemento clásico es aquel que es conocido universalmente. Si viajo a Afganistán, Brasil, Australia, Irlanda o Nepal y menciono a Mozart, es muy probable que alguien diga: “¡Ah, sí, he oído de él!”. Eso es lo que define a lo clásico: algo que trasciende fronteras geográficas y temporales.

Uno de los ejemplos más citados de una obra clásica es Don Quijote de la Mancha, escrita hace más de 500 años por Miguel de Cervantes. Pero cabe preguntarse: ¿realmente esta obra merece ser llamada un clásico? Para responder, es necesario examinar varios aspectos: ¿Qué se entiende por “clásico”? ¿Cuál es su origen como concepto? Y, en relación con Don Quijote: ¿en qué contexto fue escrita? ¿Cumple esta obra con las características que definen a un clásico?

La definición de “clásico” resulta fascinante. Una de las acepciones más aceptadas es: “Aquello que se considera como modelo digno de imitación en el arte o la literatura”. Esto implica que una obra clásica no solo debe ser conocida, sino que también debe ser una referencia para futuras generaciones de artistas y escritores.

El término “clásico” proviene del latín classicus, y fue utilizado por primera vez en el siglo II d.C. por Aulo Gelio, quien lo empleó para referirse a escritores ejemplares en su oficio. En este sentido, el término ha sido aplicado con frecuencia a Don Quijote, pero ¿es realmente Cervantes un modelo a seguir?

Para responder, consideremos el contexto en el que se escribió la obra. En aquel entonces, los libros de caballería eran enormemente populares. Generalmente, estas historias se dividían en dos tipos:

  1. El rescate de una doncella encerrada en una torre custodiada por un dragón.

  2. Las aventuras de un caballero andante que, acompañado por su escudero o en solitario, ayudaba a los necesitados.

Cervantes, cansado de esta fórmula repetitiva, decidió crear algo diferente: una parodia de estos relatos, naciendo así Don Quijote de la Mancha. Lejos de seguir la corriente, Cervantes optó por burlarse de ella, demostrando una originalidad y una creatividad extraordinarias.

Volvamos entonces a la pregunta: ¿es Cervantes un modelo a seguir? Sin duda. Su obra representa un acto de valentía literaria, una muestra de independencia creativa que invita a los escritores a expresar lo que realmente desean, sin someterse a modas ni presiones externas.

¿Y cuáles fueron los resultados de esta apuesta? Don Quijote fue un éxito en su época y continúa siéndolo hasta hoy. Es una de las obras más traducidas y leídas del mundo, con versiones en más de cuarenta idiomas.

Así que, ¿podemos considerar a Don Quijote de la Mancha un clásico? Sí, sin lugar a dudas. Cumple con todos los criterios: es universalmente conocido, ha perdurado en el tiempo, y ha servido de inspiración para generaciones de escritores.

Pero surge otra reflexión: ¿de quién depende que una obra sea considerada clásica? La respuesta es simple: de nosotros, los lectores, los espectadores, los oyentes. Una obra no puede convertirse en clásica si no es leída, apreciada y transmitida. Especialmente en el caso de los libros, es necesario mantenerlos vivos, releerlos, recomendarlos, analizarlos.

El universo de la literatura es vasto, misterioso, fascinante, y absolutamente digno de explorarse. Por eso, hagamos el esfuerzo de leer y preservar aquellas obras que han marcado la historia de la humanidad. Entre ellas, sin duda, Don Quijote de la Mancha ocupa un lugar privilegiado.

Ensayo presentado el 25 de agosto de 2006. Clase de Lenguaje: "El clásico" Transcrito literalmente del documento original. Actualizado el 08 de abril de 2017 y, nuevamente, el 08 de mayo de 2025.